El valor de la belleza en los actos:
Cuando un objeto nos recuerda quiénes somos.

«Cuando hay un sentido de la belleza, todo lo que uno hace siguiendo ese sentido será hermoso. De la misma forma puede haber un sentido de la virtud o de la rectitud, y cuando entra en acción, todo cuanto uno hace, piensa o siente, es correcto y hermoso».
N. Sri Ram («La belleza de la virtud»).
Dentro de la labor comercial que nos corresponde, como una parte más de nuestra profesión, ayer tuve la satisfacción de asistir en Granada a un evento organizado por Montblanc y del que extraje algunas reflexiones que me gustaría compartir y que presento a través de las palabras de la Maestra Delia Steinberg:
“La Belleza arquetípica se refleja de manera natural en formas bellas y produce emanaciones de delicadeza, sensibilidad, refinamiento, equilibrio, eficacia en la expresión; nos acerca a la rectitud. El Arte con Belleza integra la conciencia, casi siempre dispersa en lo superficial, produciendo una concentración agradable, espontánea y armónica.”
En ocasiones, tal vez siempre, la importancia de los actos se expresa a través de su apariencia, a veces, meros objetos que más allá de su aspecto contienen la esencia de lo que representan. Como un símbolo que encierra, al menos pretende, la estética del acto del que participa.
Como la pluma, la toga u otros elementos de nuestra profesión encierran un sentido del que conviene tomar conciencia para poder reivindicarlos, darles la presencia, el respeto que merecen, no en sí mismos, sino por lo que representan.
Gracias Montblanc por la invitación a este evento, por la belleza de las piezas que pudimos contemplar y por ayudarme a recordar algo que con la celeridad del día a día se nos olvida: el sentido, el fin último de lo que hacemos, expresado en cómo lo hacemos y cómo lo vestimos.
